(Por Gabriela Rendón, Líder de Transición de Carrera & Outplacement en NUMAN) El primer temor que se dispara ante una desvinculación, suele estar relacionado con la pérdida del ingreso económico estable, incluso en aquellos casos en los que se cuenta con una sólida espalda financiera.

¿Por qué sucede esto? La generación de ingresos económicos, no satisface únicamente nuestras necesidades materiales y las de nuestras familias, sino que además refuerza nuestra sensación de valía personal, de productividad, de poder generar recursos concretos mediante nuestro trabajo. Nos hace sentir capaces, prósperos, abundantes y fructíferos.

Más allá de la inseguridad que nos pueda despertar el hecho de no saber cuándo volveremos a tener un ingreso mensual (y de tener que acudir tal vez a utilizar la totalidad de nuestros ahorros) suele generarnos un fuerte el impacto el vernos de pronto inactivos, sin producir, sin generar, no sólo para nosotros mismos sino para nuestro entorno.

Esto deja al descubierto dos aspectos esenciales que suelen estar velados mientras estamos empleados:

I. Que solemos confundir el SER con el HACER: el rol laboral que ocupamos, durante tantas horas de nuestros días, alimenta nuestro sentido de identidad.

El problema se genera cuando nuestro SER queda totalmente subsumido en nuestro HACER, es decir: cuando sentimos que somos “alguien” profesionalmente hablando, en la medida en que desempeñamos determinada función. Entonces, cuando por ejemplo, dejamos de ser “la Directora de Recursos Humanos” o “el Gerente de Producción” de determinada compañía, nuestra sensación de valía profesional se ve vulnerada o fuertemente menoscabada y se activan todas nuestras inseguridades, hasta tanto volvamos a ocupar un rol que en ese “hacer” nos permita volver a sentir seguridad tras esa falsa identidad a la que solemos aferrarnos.

II. La creencia de que debemos ser socialmente productivos: mandato que opera en nosotros de una forma continua, silenciosa y que nos dice que no basta con autosostenernos y con sostener a nuestras familias, sino que aun cuando eso no fuese una preocupación, debemos mantenernos laboralmente activos para ser [email protected] y [email protected] socialmente.

Como si desempeñar determinado rol laboral fuera nuestra principal fuente de dignidad. Por eso nos da tanta vergüenza e incomodidad decir que nos quedamos sin trabajo y que lo estamos buscando! Como si hubiese algo malo en ello, o lo que es aún peor: en [email protected]

¿Cómo salir entonces de este tobogán anímico que no hace más que nutrir un círculo vicioso emocional que nos debilita, desvitaliza, bloquea y estanca?

No hay fórmulas ni recetas válidas para todos los casos, pero compartimos 10 claves para alimentar un estado emocional propicio y atravesar tu transición laboral de la mejor manera:

1. Expresá tu ser en todo tu hacer, aunque hoy no estés ocupando un rol en una empresa: en todas las actividades que hagas cotidianamente, poné en juego tus valores, tu visión de mundo y de las relaciones, tu forma de actuar tan única y particular en todo lo que hagas.

¿En qué otras actividades o ámbitos podés desplegar, mientras dure la transición, tu capacidad de transformación, tu tiempo y energía disponibles por no estar ocupando la responsabilidad laboral que tenías?

Como bien expresa Sergio Sinay en su libro “Para qué trabajamos?”, somos en esencia seres transformadores. No trabajamos únicamente para subsistir, sino para disfrutar y para sentir que mediante nuestro quehacer podemos agregar valor, cambiar o mejorar algo, intervenir favorablemente sobre algún problema, contexto, grupo o persona.

2. Soltá la creencia limitante de que sólo estar en ejercicio de un rol te da poder de influencia, dignidad y reconocimiento: es un autoengaño. Porque tus recursos internos, tu experiencia, conocimientos, capacidades, tus valores, tu visión y misión, no se quedaron en la silla que ocupabas. Van con vos vayas a donde vayas y estés en la situación en la que estés.

Probablemente en esta etapa de transición, veas que algunas personas cambien el tipo de trato que tenían hacia vos cuando estabas en función. Es un buen momento para ver la esencia de los vínculos que venías manteniendo. No para generar rencores y resentimientos, sino para poder ver cuáles vínculos eran realmente sólidos y genuinos.

3. Aumentá tu instrospección, autoconocimiento y revisá tus actitudes: es un buen momento para repasar todas aquellas veces en las cuales por ejemplo, fuiste vos quien dejaste de atender a algunas personas por no estar ocupando determinado rol, o que dejaste de contestar un mensaje, y comprometerte a cambiar esa actitud de aquí en adelante.

Revisá también todas aquellas veces en la que vos mismo tuviste prejuicios ante quienes se habían quedado sin trabajo, o a quienes tal vez, pudiendo haberlo hecho, no ayudaste oportunamente a conectar con oportunidades.

Podés empezar hoy, ayudando ahora a quienes están en una situación similar a la tuya e incorporar esta actitud como un hábito constructivo permanente. Comenzar a conectarnos para intercambiar valor y enriquecernos mutuamente, y dejar de “usar” nuestros vínculos pensando en el beneficio que sólo nosotros podamos obtener.

4. Aprovechá el tiempo para seguir aprendiendo y formándote: entrenate, capacitate, fortalecé aquello que tenías flojo. Profundizá tus conocimientos técnicos. Practicá inglés!

5. Cambiá el chip mental: si sentís incomodidad por comunicar que estás en transición y en búsqueda laboral, es porque lo estás haciendo desde una actitud que no contribuye en nada a tu reinserción. Lo estás haciendo desde un lugar de carencia, de falta, de indignidad.

Si te alineás en cambio con tu valor, con su esencia, con eso que permanece más allá de las coyunturas, con lo que tenés para ofrecer genuinamente, deberías sentir entusiasmo y ofrecerlo alegremente y con convicción, en lugar de sentir vergüenza. Revisá tus creencias!

6. Permitite transitar el duelo: Aunque no hayas aferrado tu identidad al último rol que ocupaste, toda esa energía que le venías poniendo a tu trabajo, no sólo a la tarea sino a las relaciones que mantenías con compañeros, colaboradores, jefes, proveedores, clientes, toda esa etapa terminó. Necesitamos tiempo para procesar todo eso que ya no está o que ya no será como era.

Es natural que sientas tristeza, angustia, bronca, decepción, desilusión, despecho. Permitite sentirlo, es un proceso. A medida que pase el tiempo, irás resignificando mucho de lo que viviste, transformando, reubicando y reinterpretando situaciones, y seguramente con el correr de los meses, lo que al principio te dolía, puede que en algún momento te inspire gratitud por lo aprendido y por la oportunidad de haber sido un catalizador para tu cambio y crecimiento personal.

7. Mantené alto tu nivel de energía: Organizá tu agenda de transición de forma tal que puedas dedicar tiempo no sólo a las acciones que necesites llevar adelante para tu reinserción, sino a otros momentos y actividades que te entusiasmen y te estimulen: disfrutar tiempo en familia o con amigos, hacer algún deporte y dedicar tiempo a ese pasatiempo que tanto disfrutás.

8. No bajes los brazos: es natural que pases por altibajos, y que haya días en los que veas todo negro y te inunde el pesimismo. Permitite sentirlo pero no permanezcas en ese estado durante mucho tiempo, ya que condicionará todas tus percepciones y acciones. La vida se encoge o se expande en proporción al coraje, compromiso y persistencia que decidamos poner en juego. No importa cuántas veces te caigas, sino la voluntad de volver a ponerte en marcha.

9. Buscá apoyo: si en algún momento sentís que la situación te desborda o bloquea, apoyate en profesionales que puedan apuntalarte en este proceso. Tal vez sea un buen momento para empezar una psicoterapia. Pedir ayuda cuando es necesario no es signo de vulnerabilidad sino de inteligencia.

10. Cultivá la paciencia y la confianza: Puede pasar mucho más tiempo del que pensás o del que te gustaría hasta que te reinsertes. La pregunta es: ¿cómo vas a decidir pasar esta transición? ¿La vas a capitalizar de la mejor manera o la vas a sufrir y a sobrevivir? Para que puedas cosechar los frutos, tan importante como sembrar las semillas en tierras fértiles, es disponer de la paciencia necesaria, sabiendo que se necesita tiempo para ver los primeros brotes.

La actitud con la cual decidas encarar esta etapa de transición, dice mucho de quien sos. Tanto o tal vez más, de lo que decían de vos tus acciones cuando estabas bajo el ala protectora de tu último puesto laboral.