(Por Gabriela Rendón, Líder de Transición de Carrera & Outplacement en NUMAN) Más del 70% de los negocios iniciados por personas mayores de 50 años sobreviven después de los primeros cinco años desde su creación, mientras que solo el 28% de los emprendimientos impulsados por jóvenes lo logran.

Así lo revela una encuesta de Age UK, mostrando que la capacidad de reconvertirse o impulsar una nueva actividad comercial, no es una cuestión de edad sino de actitud.

También lo demuestra un estudio de la Fundación Ewing Marion Kauffman, que revela que las personas de entre 45 y 54 años son las que más ganas de iniciar el negocio propio tienen.

En Estados Unidos, por ejemplo, una de cada tres nuevas empresas son creadas por empresarios que superan los 50 años. De hecho, desde Economía3.com informan que las personas entre los 55 y 64 años, manifiestan la mayor tasa de actividad emprendedora de los últimos 10 años.

Los datos son relevantes, teniendo en cuenta que el mercado laboral comienza a prescindir de las mujeres desde los 40 años y de los hombres a partir de los 45 años,  y las posibilidades de reinserción comienzan a achicarse y complicarse para quienes superan esa franja etaria, aunque se encuentren en su plenitud profesional.

Se trata de una increíble paradoja: el mundo corporativo expulsa a las personas que son capaces de producir mejores resultados, como señala la medición de Age UK.

Frente al dilema de reinsertarse o emprender cuando una persona pierde su trabajo a partir de los 40 o 45 años, y más aún luego de los 50 años, la opción de emprender se constituye en una alternativa válida y con amplias chances de éxito.

Entender al mercado emprendedor como un campo de acción exclusivo de los jóvenes es solo un sesgo. Los datos objetivos de la actualidad muestran otra realidad. Y remontándonos un poco en el tiempo, los antecedentes también nos recuerdan el impacto que han logrado los emprendedores maduros. Ray Kroc, fundador de McDonalds, el coronel Harland Sanders, creador de KFC, o la empresaria de cosmética Mary Kay Ash, son solo algunos ejemplos.

Ventajas, desafíos y cuestiones a analizar

Entre las ventajas con las que cuentan los denominados oldpreneurs para tener éxito en los proyectos laborales que emprenden luego de los 50 años, se encuentran los siguientes:

  • Las ganas y la motivación que los impulsa a superarse, a no rendirse, a aprovechar al máximo su plenitud profesional, a demostrar cuentan con sus capacidades intactas.
  • Una amplia experiencia a su favor a partir de su trayectoria, que les permite tener un mayor conocimiento del mercado y las competencias necesarias para interpretarlo. Esta es una ventaja competitiva importante que los más jóvenes deben desarrollar.
  • Autoconocimiento más extenso, de las fortalezas y debilidades, y los aprendizajes obtenidos a partir de los errores y aciertos que se han tenido a lo largo de la vida.
  • Poseen redes profesionales extensas y consolidadas.
  • Mayor capacidad de inversión (si han generado ahorros durante su vida productiva y/o si logran obtener indemnizaciones de cierta envergadura), lo cual les dará más libertad, margen de acción y tranquilidad para emprender.
  • Quienes están transitando actualmente los 45 a 55, e incluso 60 años, pertenecen a una generación híbrida que creció en un mundo analógico y fue la primera en adoptar e impulsar el mundo digital. Sintetizan lo mejor de ambos mundos, lo cual les aporta la apertura mental, la flexibilidad y la adaptabilidad necesarias, para triunfar en tiempos de cambio y transformación como los actuales.

En el plano de los desafíos que deben superar para lograr resultados, se destacan:

  • Lograr una mayor permeabilidad en relación a la incertidumbre financiera que genera iniciar un emprendimiento.
  • Trabajar en la autoestima (quienes tienen dudas de poder hacer lo que se proponen o la sensación de que su tiempo de oportunidad ya pasó).
  • Recuperar los sueños que tuvieron en alguna etapa previa de sus vidas, incluso aquellos que proyectaban en su más temprana juventud, o las ideas que se cansaron de proponer en sus respectivos trabajos sin que las empresas los apoyaran.

Teniendo claras las ventajas y los retos a resolver, también es importante realizar -antes de tomar la decisión de emprender- un análisis detallado de lo que implica dar un paso de estas características, considerando:

  • Las capacidades personales para poder acometer un proyecto propio.
  • La identificación de los espacios en los cuales adquirir competencias, desarrollar habilidad y acceder a las mejores prácticas.
  • Si se está trabajando en relación de dependencia, valorar los pro y contras de volverse independiente, la posibilidad de llegar a un acuerdo económico de retiro voluntario con el empleador, y el timing exacto para dar el paso.
  • Si la persona se encuentra atravesando una etapa de transición, evaluar las posibilidades reales de reinserción laboral.
  • El nivel de inversión que requerirá el emprendimiento y los recursos disponibles.
  • Un análisis de mercado en relación a la viabilidad de la propuesta y la actividad que está desarrollando la eventual competencia.

Conclusión

Desarrollar o potenciar el espíritu entrepreneur a partir de los 40-45 años, y especialmente luego de los 50 años, nos ofrecerá la posibilidad de superar las incertidumbres laborales que caracterizan a esta etapa de la vida profesional de cualquier persona, y poder construir un futuro promisorio que aporte mayor felicidad y bienestar.

Al fin de cuentas, emprender –como señala Marcelo Berenstein en su artículo ‘El tiempo de los emprendedores viejennials’-, involucra actitudes que ya hemos desarrollado en diferentes momentos de nuestra vida: soñar, investigar, desear, superar miedos, asumir riesgos, caerse y levantarse. Si volvemos a evocarlas, tendremos buena parte del camino recorrido.