Las búsquedas que se definen bien en marzo ahorran dolores en agosto.
(Por Magdalena Andrés, Regional Business Manager de NUMAN) El inicio del año suele estar atravesado por planificación, presupuestos y objetivos, pero también por ajustes, cambios y urgencias que no siempre estaban previstas. En ese contexto, hay una decisión que, aunque no siempre aparece en los tableros de gestión, termina teniendo un impacto profundo en el negocio: qué personas incorporamos, en qué roles y en qué momento.
Marzo es un mes particular. Para muchas organizaciones es el momento en el que el año empieza a tomar forma real. Conviven la necesidad de ordenar con incendios operativos que requieren respuesta inmediata. Sin embargo, incluso en ese escenario, suele haber más claridad que en otros momentos para revisar estructura, repensar prioridades y tomar decisiones con una mirada un poco más estratégica que reactiva.
En nuestra experiencia, las compañías que llegan más sólidas al segundo semestre no son necesariamente las que contrataron más rápido, sino las que lograron definir con mayor claridad cuáles eran sus roles críticos y cómo abordarlos en esta primera etapa del año. Porque en talento, el timing no es absoluto, pero sí condiciona fuertemente el resultado.
Cuando hablamos de talento crítico, no nos referimos solo a perfiles escasos o difíciles de conseguir. Un rol se vuelve crítico cuando su impacto se multiplica en el resto de la organización: cuando incide en los resultados, ordena o desordena equipos, sostiene procesos clave o define cultura y forma de trabajo. Identificar estos roles a tiempo permite priorizar mejor y evitar confundir urgencia con importancia.
Muchas veces las búsquedas no se frenan por falta de presupuesto o de mercado, sino por indefinición. Y esa indefinición tiene un costo silencioso que aparece más adelante: equipos sobrecargados, líderes cubriendo vacíos de manera transitoria, decisiones que se postergan y procesos que se reabren con menos margen y más presión. Es ahí cuando el segundo semestre se vuelve más pesado de lo necesario.
Definir bien una búsqueda no implica apurarla ni ignorar las urgencias del día a día. Implica entender el impacto real del rol, alinear expectativas y tomar decisiones con claridad, incluso en contextos exigentes. Las organizaciones que invierten tiempo en esta etapa inicial suelen ganar algo muy valioso después: previsibilidad. Y en escenarios complejos, la previsibilidad es una ventaja competitiva.
El talento no es una decisión táctica ni coyuntural. Es una de las decisiones más estratégicas que una organización toma a lo largo del año. Definir bien una búsqueda en marzo no garantiza que todo salga perfecto, pero sí reduce significativamente la probabilidad de llegar al segundo semestre reaccionando en lugar de liderando.
Y esa diferencia, con el tiempo, se nota.
Las mejores decisiones de personas no se apuran. Se piensan bien y se toman a tiempo.



