Natalia Parisi (Ingeniera Industrial y Coach LEAN) nos comparte en una entrevista muy interesante sobre su camino del piso de planta a la mentoría, el liderazgo femenino en la industria y las lecciones que aprendió en una cancha de hockey.
Del piso de planta a mentora de EDA: un camino que redefinió su liderazgo
Natalia empezó su carrera en el piso de planta, dentro de la industria automotriz, un lugar que le enseñó que la industria no se entiende solo desde los procedimientos o los indicadores, sino estando cerca de las personas que hacen que los procesos funcionen todos los días.
Durante muchos años su foco estuvo puesto en la excelencia operacional: mejorar procesos, implementar metodologías, resolver problemas y alcanzar objetivos. Pero hubo un quiebre que cambió su forma de entender el liderazgo: comprender que una mejora sostenible no depende solo de una buena herramienta, sino de las personas que la hacen posible.
“Empecé a entender que mi rol no era tener todas las respuestas, sino crear las condiciones para que los equipos pudieran encontrarlas”, cuenta. Ese cambio de mirada la llevó a preguntarse no solo por el resultado, sino por cómo desarrollar a las personas detrás de ese resultado, algo que hoy sostiene como mentora del programa EDA.
Para Natalia, acompañar a otras mujeres líderes no significa darles una fórmula, sino compartir aprendizajes reales: cómo construir confianza, cómo enfrentar entornos desafiantes, cómo hacer escuchar la propia voz y cómo liderar sin perder la autenticidad. “El liderazgo no es una posición a la que uno llega, sino una responsabilidad que se construye día a día”, resume.
Ser mujer en una planta de manufactura: construir credibilidad antes que autoridad
La industria automotriz ha sido, y en muchos aspectos sigue siendo, un entorno predominantemente masculino. Cuando Natalia comenzó su carrera era habitual entrar a una reunión y ser la única mujer presente, lo que muchas veces implicaba demostrar que conocía el proceso antes de que sus ideas fueran escuchadas.
“El mayor desafío no fue únicamente técnico, sino construir credibilidad”, señala. Aprendió que el liderazgo no se impone desde el cargo, sino desde la coherencia entre lo que uno dice y lo que hace: conocer profundamente los procesos, estar presente en la planta, escuchar a los operarios y demostrar con hechos que las mejoras propuestas facilitaban su trabajo y generaban resultados.
También aprendió a desarrollar una comunicación asertiva, alejada de los estilos de liderazgo autoritarios habituales en el entorno industrial. Descubrió que la influencia nace cuando las personas se sienten escuchadas y entienden el propósito de los cambios, algo que le permitió impulsar proyectos de mejora continua, sistemas de gestión de calidad y equipos comprometidos.
“Ser mujer no es una ventaja ni una desventaja: es una característica más de quién soy”, afirma. “Nunca sentí que tenía que competir para parecerme a los hombres. Mi objetivo siempre fue demostrar que existe otra forma de liderar: con firmeza, cercanía, sensibilidad y empatía.”
Mentorear a otras mujeres líderes: autenticidad antes que fórmulas
Como mentora de EDA, Natalia acompaña a mujeres que suelen llegar con inquietudes concretas: cómo acceder a posiciones de liderazgo, cómo hacerse escuchar en entornos tradicionalmente masculinos, cómo gestionar equipos difíciles o cómo afrontar conversaciones complejas sin perder seguridad.
Pero hay algo que siempre elige transmitir, incluso cuando no se lo piden: la importancia de construir credibilidad antes que autoridad. “Muchas veces creemos que para liderar debemos tener todas las respuestas o demostrar que somos las mejores de la sala. Mi experiencia me enseñó que el liderazgo se construye siendo coherentes, preparándonos continuamente, escuchando de verdad y generando confianza”, explica.
También las invita a dejar de buscar la perfección. “A muchas mujeres nos educaron para sentir que tenemos que demostrar más, equivocarnos menos y estar completamente preparadas antes de asumir un desafío. Yo intento animarlas a dar ese paso antes, porque el crecimiento llega cuando aceptamos que aprender también forma parte del liderazgo.”
Su mensaje central: “No intenten ocupar un espacio imitando el estilo de otros. Encuentren una forma de liderar que sea auténtica, basada en sus valores y en su capacidad para generar impacto. Esa autenticidad, acompañada de preparación y trabajo constante, es lo que hace que el liderazgo sea sostenible en el tiempo.”

Filosofía LEAN aplicada a las personas, no solo a los procesos
Experta en LEAN, 5S y Six Sigma, Natalia traslada la misma disciplina de la mejora de procesos a la gestión de personas y equipos. Recuerda una frase que la marcó: “La mejora continua es transformación”, le dijo un auditor. Desde entonces intenta que su liderazgo se base en buscar soluciones comprendiendo las verdaderas causas de los problemas.
“Ser un líder Kaizen implica transformar a las personas, sacando de cada una de ellas su mejor versión”, afirma. Así como en LEAN las grandes transformaciones se construyen a partir de mejoras continuas, con las personas ocurre lo mismo: el desarrollo no sucede de un día para otro, sino a través del aprendizaje constante, el feedback y la confianza.
Otro principio que traslada de la metodología es el respeto por las personas: crear entornos donde puedan aportar ideas, sentirse escuchadas y participar activamente en la solución de los problemas. “Cuando eso ocurre, el compromiso crece y los resultados llegan de forma natural”, sostiene. Para ella, la excelencia operacional y el liderazgo no se separan: “Los mejores procesos solo son sostenibles cuando las personas crecen al mismo ritmo que la organización.”
El hockey como escuela de liderazgo
Fuera de la planta, el hockey ocupa un lugar central en la vida de Natalia, y le dejó lecciones que aplicó, sin buscarlo, a su forma de liderar equipos de trabajo. “El hockey me enseñó que el liderazgo no consiste en tener el control de todo, sino en lograr que un grupo de personas muy diferentes persiga un mismo objetivo”, cuenta.
En una cancha se aprende rápido que el talento individual no alcanza: los equipos que funcionan son los que confían entre sí y trabajan por el resultado colectivo, la misma filosofía que intenta aplicar en el ámbito profesional. Como entrenadora, además, descubrió que cada persona necesita un liderazgo diferente: hay quienes necesitan más confianza, otros más exigencia y otros simplemente sentirse escuchados. “No existen recetas universales; liderar implica conocer a las personas, adaptarse a ellas y ayudarlas a desarrollar su mejor versión.”
El deporte también le enseñó el valor del error: en un partido no hay tiempo para quedarse pensando en la jugada que salió mal, hay que aprender, corregir y volver a enfocarse. “En la industria, especialmente cuando trabajamos con mejora continua, esa mentalidad es fundamental: analizar, aprender y seguir avanzando sin buscar culpables.”
“Un líder no es quien más brilla, sino quien hace que los demás brillen”, resume Natalia. “Cuando un equipo crece, los resultados llegan como consecuencia. Esa es una lección que llevo conmigo tanto dentro de una planta de manufactura como al costado de una cancha de hockey.”

Un mensaje para la próxima generación de ingenieras
Consultada sobre qué le diría hoy a una joven ingeniera que empieza su carrera y sueña con liderar equipos, Natalia es clara: que confíe en su capacidad, pero que nunca deje de aprender. La formación técnica es fundamental, pero liderar equipos requiere mucho más que conocimiento: escuchar, comunicar, entender a las personas y generar confianza.
“Habrá momentos en los que serás la persona más joven de la sala, la única mujer o alguien que tiene una mirada diferente. En esos momentos, no abandones tu esencia para adaptarte al entorno. Prepararte, ser auténtica y mantener tus valores será lo que construya tu liderazgo a largo plazo”, advierte.
También la invita a no esperar sentirse completamente preparada para asumir nuevos desafíos: “Muchas veces el crecimiento aparece justamente cuando aceptamos salir de nuestra zona conocida. Los errores no son una señal de fracaso; son parte del aprendizaje y una oportunidad para mejorar.”
Y cierra con una reflexión que resume toda la entrevista: “Un verdadero líder es alguien que ayuda a que otros puedan crecer, que crea equipos donde las personas se sienten valoradas y que deja una huella positiva en quienes lo rodean. La industria necesita más mujeres que no solo ocupen posiciones de liderazgo, sino que aporten nuevas formas de liderar: con conocimiento, con determinación, con empatía y con la valentía de abrir caminos para las que vienen detrás.”



