Latinoamérica: el mapa energético que se está redibujando

6 Jul, 26 | Uncategorized | 0 comments

(Por Daniel Urman, director de NUMAN)
Dos petroleras estatales firmaron un memorándum de cooperación. Una elección presidencial cerrada abrió un cambio de fase energético en un país de la región. Y otro Estado, que se sienta sobre unos 303 mil millones de barriles de reservas probadas según la OPEP, volvió de a poco a moverse en el tablero. Todo ocurrió durante el mismo mes, junio de 2026, en Latinoamérica.

El 21 de junio, Colombia resolvió una elección presidencial ajustada y polarizada —el margen se midió en algo más de doscientos mil votos— que abre un cambio de fase: entre las señales del nuevo gobierno aparece la intención de reactivar la exploración no convencional que la administración saliente había congelado. Dos días después, Pemex y Petrobras firmaron en Brasilia un memorándum de entendimiento que abarca aguas profundas, presal del Golfo de México, campos maduros, refinación, petroquímica, fertilizantes y biocombustibles. Y a lo largo del mes, Venezuela continuó atravesando un proceso de reapertura sectorial cuyo desenlace todavía es incierto, que ocurre bajo un marco de sanciones internacionales que condiciona qué operadores pueden participar y bajo qué reglas de compliance, pero que vuelve a poner a la Faja del Orinoco en el radar de operadores internacionales.

Son cuatro países y tres movimientos distintos, pero conviene mirarlos juntos: son ventanas a un mismo fenómeno regional que se está moviendo más rápido de lo que solemos registrar. No es una foto aislada; es una región que vuelve a moverse en simultáneo, con lógicas propias en cada país pero con una dirección de fondo compartida.

Tres meses antes, en marzo, la CELAC había celebrado su X Cumbre en Bogotá. La Declaración firmada por 33 Estados reafirmaba la vigencia de la proclama que en 2014 consagró a América Latina y el Caribe como Zona de Paz. El compromiso es real, está vigente y, en tiempos convulsionados en el este de Europa y Medio Oriente, no deja de ser un activo regional a valorar: la estabilidad, en energía, también se cotiza.

En 2025, América Latina aportó alrededor del 11% de la producción mundial de petróleo, con un crecimiento cercano al 20% interanual, según OLACDE (la Organización Latinoamericana de Energía). Siete países concentran el 87% del total regional: Brasil con 3,77 millones de barriles diarios; México con 1,67 millones; Venezuela con 1,08; Guyana con cerca de 900 mil; Argentina con unos 878 mil; Colombia con 746 mil; y Ecuador con 440 mil.

 

Un sector en transformación, con el futuro por delante

Conviene no leer estos movimientos como un simple repunte del petróleo de siempre. Lo que se redibuja es un sector que se transforma desde adentro: aguas profundas y presal en Brasil y México, campos maduros que exigen tecnología de recuperación mejorada, biocombustibles y petroquímica en la misma agenda que la exploración convencional, y una discusión regulatoria —en Colombia, en Venezuela, en cada país con matices propios— que ya no separa tan nítidamente “petróleo” de “transición energética”.

Esa transformación abre una ventana de oportunidad concreta. La región no solo produce más: produce distinto, con mayor sofisticación técnica, mayor exigencia de eficiencia operativa y mayor peso de estándares ambientales y de gobernanza. Eso demanda perfiles que hace una década no eran centrales en la industria —especialistas en digitalización de operaciones, en gestión de datos de yacimiento, en sostenibilidad— conviviendo con los roles tradicionales de ingeniería y operaciones. El sector energético latinoamericano tiene, hoy, más futuro por delante que pasado detrás.

 

La portabilidad como activo regional

Hay un rasgo de este mapa que vale la pena mirar con calma. De los siete grandes productores regionales, cinco son hispanohablantes —México, Venezuela, Argentina, Colombia y Ecuador—, y si sumamos Perú, Bolivia, Chile y los demás Estados productores de menor escala, son cerca de veinte países que comparten lengua técnica. En ese corredor hispanohablante, un ingeniero de yacimientos, un geofísico, un superintendente de operaciones o un gerente de procura se mueve con culturas de trabajo cercanas y redes profesionales que se cruzan en los mismos foros sectoriales.

Es un grado de portabilidad que en otras grandes regiones productoras cuesta encontrar. Medio Oriente suma al inglés ajustes culturales mayores. África subsahariana mezcla inglés, francés y portugués según el país. El sudeste asiático opera en inglés técnico pero con marcos regulatorios muy distintos entre Indonesia, Malasia y Tailandia. En el corredor latinoamericano, un profesional que se formó en una operadora colombiana puede pasar a un servicio en Argentina, después a una posición regional en México, y mantener la misma lengua técnica de trabajo.

Durante décadas, el profesional senior hispanoamericano del Oil & Gas que quería seguir creciendo miraba a Houston, Calgary, Aberdeen, Dubái o Doha. Hoy la movilidad de talento a lo ancho y largo de nuestra región está más viva que nunca. Las empresas que puedan capitalizar eficazmente esa realidad serán, probablemente, las que mejor resuelvan el desafío de la escasez de capital humano energético durante las próximas décadas.

 

NUMAN: mirada y presencia regional para un desafío regional

Es esa mirada regional la que guía el trabajo de NUMAN. Con presencia en Argentina, México, Colombia y Perú, seguimos de cerca estos cuatro movimientos —y muchos otros menos visibles— porque entendemos que el talento energético latinoamericano no se piensa bien país por país, sino como un corredor único, con una lengua técnica común y una movilidad profesional que ya está ocurriendo, la acompañemos o no.

El mapa energético de la región se está redibujando. La pregunta que le queda a cada organización no es si ese cambio va a llegar, sino si va a tener, del otro lado, el talento preparado para capitalizarlo.

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